13 August, 2020

Actualmente vivimos tiempos convulsos debido a una pandemia que ha detenido al mundo, pero esta misma situación de crisis nos ha permitido apreciar un sin número de cosas que quizá pasábamos por desapercibidas, o que simplemente mirábamos con relativa indiferencia, quizás del profundo impacto que tienen las actividades humanas en el medio ambiente.

Precisamente, el efecto disruptivo de las medidas de distanciamiento social, puede apreciarse en mayor medida en el desplazamiento de personas y bienes, es decir, en el sector transporte. Por ejemplo, según el informe de movilidad de Google, en República Dominicana, desde que se iniciaron las medidas de confi namiento a fi nales de marzo pasado, se han registrado disminuciones de los viajes recreativos en más de un 70%, posicionándose nuestra nación como uno de los países donde mayormente se cumplieron las disposiciones de confi namiento, esto, por supuesto, antes de iniciar el plan de desescalada económica a fi nales de mayo pasado.

Evidentemente, la accidentalidad se correlaciona con la magnitud del volumen de tránsito, y precisamente por el confinamiento y la restricción de la movilidad, vimos reducir en todo el mundo las muertes y lesiones ocasionadas en el tránsito hasta en proporciones que llegaron a superar más del 50% en algunos países. De hecho, específi camente en nuestro país, las muertes in situ provocadas por el tránsito, es decir, las registradas en el lugar del accidente por los agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), se redujeron un 29% en marzo, un 50% en abril y un 26% en mayo de este año.

Cuando vemos todo lo anterior de manera objetiva, podemos darnos cuenta de todos los esfuerzos de las naciones del mundo para enfrentar la pandemia provocada por el COVID-19, la cual ha provocado, tan solo en el periodo de enero a junio de 2020, más de 550 mil muertes. A tenor de estas cifras, y sin intención de minimizar esta tragedia de proporciones épicas, podemos inferir que lo aprendido con esta crisis sanitaria podríamos aplicarlo, salvando las diferencias entre ambas, a otra epidemia global que nos cuesta anualmente 1.35 millones de vidas: los accidentes de tránsito.

Recientemente se realizaron elecciones en República Dominicana, de las cuales surgen nuevas autoridades que deberán asumir la misión de continuar con la intensa reforma que se está implementando en el sector transporte, y que se vio iniciada en el mes de febrero de 2017 a partir de la aprobación de la Ley núm. 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. Esta reforma, sobre la cual hemos ido rindiendo cuentas en esta y otras versiones anteriores del Boletín del OPSEVI, comenzó con la puesta en operación del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) a mediados del año 2017, y con éste, el surgimiento de una verdadera revolución institucional y jurídica.

Organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), la Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD) y el Instituto de Investigación en Tráfi co y Seguridad Vial (INTRAS) de la Universidad de Valencia, entre otros, coinciden en que desde la creación del INTRANT hace tres años, se ha conseguido un avance más que signifi cativo en el ámbito de la movilidad y el transporte, pese a los limitados recursos disponibles. En este sentido, y aunque sería imposible resumir en unas pocas palabras todos los logros conseguidos, permítanme incidir en tres de ellos por su evidente carácter estratégico y sus efectos positivos en la vida de los ciudadanos dominicanos.

Por un lado, me enorgullece especialmente la puesta en funcionamiento y trayectoria del Observatorio Permanente de Seguridad Vial (OPSEVI), gracias al cual se ha conseguido una mejora notable en la calidad de las estadísticas nacionales de seguridad vial. Este hecho no solamente ha permitido tener un orden de magnitud realista del número de víctimas y las causas de los accidentes, reduciendo a su vez al máximo el subregistro, sino que ha posibilitado la planifi cación de acciones concretas en aquellos puntos específi cos de la red viaria que presentan mayores tasas de accidentalidad.

Por otro lado, pero no por ello menos importante, quisiera destacar la creación de la Escuela Nacional de Educación Vial (ENEVIAL), que gracias a una incansable labor didáctica y de renovación de conocimientos, ha permitido sentar las bases de la educación y la formación vial a todos los niveles de la sociedad. Como fruto de los avances experimentados, estamos consiguiendo un sistema educativo que por primera vez en la historia incluirá la Seguridad Vial entre las materias básicas de la enseñanza escolar, y un sistema formativo que apuesta por las capacitaciones individuales de los profesionales del transporte, entre otros muchos actores del sistema de movilidad.

Por último, y debido a su marcado carácter transversal, no puedo terminar estas palabras sin ensalzar la revolución de la base legal de nuestra institución, gracias a la cual se han podido sacar adelante un buen número de documentos legislativos que cambiarán el paradigma de la movilidad en nuestro país. Me estoy refi riendo, a la elaboración de reglamentos, normativas y resoluciones tan importantes como la Inspección Técnica Vehicular, Carnet por Puntos, Licencias de Conducir, o revisión Psicofísica (solo por mencionar algunos de los primeros emitidos), a los que añadimos los aprobados recientemente por el Poder Ejecutivo (como es el caso del Transporte Escolar, el Uso y Transporte en Motocicletas, Bicicletas y otros Vehículos de Movilidad Personal, los Planes Locales y Planes Laborales de Seguridad Vial, entre otros), y que esperemos que puedan completarse con muchos que se encuentran en Consulta Pública.

Así las cosas, es menester de quienes reciban la antorcha, fi jar como línea base lo que hemos alcanzado hasta ahora, y establecer la obligación diaria de superarlo, tal y como hemos intentado hacer nosotros cada día a través de nuestro compromiso, esfuerzo y dedicación, y que a su vez se deriva del compromiso adquirido por el INTRANT tras la publicación del Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial. Por ello, el impulso de la reforma no puede detenerse, y menos en tiempos de una crisis sanitaria que ha provocado una recesión económica mundial.

Pasados estos tres años, y habiendo tenido el honor de dirigir la primera gestión del recién nacido órgano rector nacional en materia de transporte de la República Dominicana, observo con orgullo lo logrado hasta ahora, y siento la satisfacción del deber cumplido, así como la obligación de agradecer profundamente el trabajo desempeñado por un excelente equipo de profesionales y técnicos que hicieron posible el cumplimiento de la misión encomendada. Finalmente, bajo cualquier circunstancia y coyuntura, siempre recuerden el lema que hicimos nuestro: JUNTOS, DOMINICANA SE MUEVE MEJOR.

 

Ing. Claudia Franchesca de los Santos, Directora Ejecutiva del INTRANT



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